11 de octubre de 2013

«La violencia no pertenece a la tradición del Profeta»

Fethullah Gülen

Los musulmanes rezan cada día: «¡Oh Señor! Guíanos al recto camino». Es una oración que nos ayuda a alejarnos de los extremos y mantener el equilibrio en nuestras vidas. No debemos ser rehenes de nuestros instintos reaccionarios, ni debemos permanecer completamente en silencio ante la difamación sistemática de nuestros valores y creencias. Este equilibrio ha sido perturbado por la violenta respuesta a los insultos dirigidos al legado del querido profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). Ha sido una violenta y equivocada respuesta, desviada del camino recto.

Los musulmanes no deben quedar indiferentes respecto a los ataques contra el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Por el contrario, deben mostrar la mayor sensibilidad y precaución. Aquellos que insultan al Islam podrían tratar de representar una imagen negativa de los musulmanes, y por lo tanto justificar la discriminación, el aislamiento, la persecución o la deportación. La instigación deliberada y la provocación para agitar al mundo musulmán no es algo nuevo. Nuestros valores sagrados han sido atacados en el pasado a través de viñetas, hoy se hace a través de una película y más viñetas en una revista francesa, y quizá mañana puedan ser utilizados otros medios. Los musulmanes no deben ser seducidos o engañados, sino que tienen que manifestar su oposición para evitar que aquellos que son más fácilmente provocados recurran a la violencia.

Cuando se haga cualquier comentario negativo sobre el Profeta, por leve que sea, un musulmán debe sentir un profundo dolor. Sin embargo, el cómo expresar ese dolor es otro asunto distinto. Las acciones irresponsables por parte de ciertos individuos dañan la imagen del Islam y destruyen la tradición que afirman defender.

Ya que cuando se trata de los derechos de todos y cada uno de los musulmanes, al igual que de Dios, del Corán y del Profeta, uno no puede actuar imprudentemente. Los individuos deben analizar las posibles consecuencias de cada acción, y buscar la sabiduría del sentido común.

La pregunta que debemos hacernos es si, como musulmanes, hemos presentado el Islam y a su Profeta correctamente al mundo. ¿Hemos seguido su ejemplo de tal manera que infundimos admiración? Debemos hacerlo y no con palabras sino con nuestras acciones.

Si los terroristas suicidas son las primeras cosas que vienen a la mente de la gente, ¿cómo podrían tener una opinión positiva del Islam? ¿Cómo es posible que sea diferente matar a civiles inocentes de manera indiscriminadamente de la barbarie sufrida por los musulmanes en la historia? ¿Cuál es la razón fundamental para atacar a un consulado estadounidense en Libia, matando a un embajador y a funcionarios consulares, que no tienen nada que ver con esta miserable película? Si son musulmanes quienes están llevando a cabo estas atrocidades, esto significa que son totalmente inconscientes de lo que es el Islam en todos sus aspectos y están cometiendo el mayor crimen en nombre del Islam.

El musulmán siempre ha de ser una persona recta y coherente, tanto en sus palabras como en sus acciones. Debe respetar los valores sagrados de los cristianos, judíos, budistas y demás, como espera que se respete su propia religión y valores. Al reaccionar, un musulmán no debe balancearse del camino intermedio. Se pueden encontrar muchas formas correctas de respuesta apelando a la conciencia colectiva de la sociedad y de la comunidad internacional.

Los discursos del odio destinados a incitar a la violencia son un abuso de la libertad de expresión. Violan los derechos, la dignidad y las libertades de los demás mientras dirigen a la humanidad hacia los conflictos en la era de las terribles armas. En lugar de ser víctimas de la instigación de los demás, debemos apelar a las instituciones internacionales competentes, como la Organización para la Cooperación Islámica o la ONU, para intervenir, denunciar y condenar tales discursos del odio. Podemos hacer todo lo que sea necesario dentro de la ley para evitar cualquier falta de respeto a toda figura religiosa venerada, no sólo al profeta Muhammad.

Los ataques contra el Profeta que hemos sufrido en repetidas ocasiones deben ser condenadas, pero la respuesta correcta no es la violencia. En su lugar, debemos seguir una implacable campaña para promover el respeto de los valores sagrados de todas las religiones.

* Traducción del artículo original publicado en el Financial Times. El escritor es un erudito musulmán en la tradición sunní y presidente honorífico de la Fundación de Escritores y Periodistas con sede en Estambul.


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